Dormía el folio
a la vigía de un ciprés de cera
con capucha dorada.
El folio dormía
sin cubierta, a cuerpo,
como fantasma
auscultado por cien hormigas...
Tosió la ventana
y entró un brazo de hielo
removiéndolo todo
en espirales de noche.
La conmoción ventosa
hizo volar las somnolientas letras
que hacían del folio
una avenida de lápidas;
con tal violencia que, despegando
de la blanca leche materna,
vinieron a clavarse,
como afiladas cuchillas,
en la pared de enfrente.
Se formó una palabra
de cuatro dedos
- sin pulgar-
que rasgó mis párpados
como la navaja de Buñuel...
Voló la capucha del ciprés,
que ya no vigilaba;
vino la oscuridad
y la palabra se olvidó
allá tras la noche del sueño.
"No sufras, yo te la susurraré...
Acércate... "
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