En el guiño a su ocaso,
en la soberbia al sentirse todo,
olvida la criatura
que no pasa de seguido y punto
en su triste escritura.
Vacunado de sí mismo,
camina inexorable al trampolín del minutero,
a zambullirse en sí mismo
y, siendo nada en sí mismo,
a la nada nada y navega...
Ahogado en hueco,
asfixiado de vacío,
aislado de pasado,
todavía tiene el valor
de mirar al sol
y apostar su alma.
Prepotente trilero de cartas marcadas...
ya no hay trile que te espabile.
¡Qué poquica cosa es el ser humano!
Mirado el poema desde arriba,
déjame descubrirte bajo un punto,
un triste y enano punto y seguido
al que se le está poniendo carita
de punto y final,
de final y punto.
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